El mecanismo cerebral de la adicción a la TV

La adicción a la televisión no es una simple metáfora
(Television Addiction Is No Mere Metaphor)

(extracto del artículo de Robert Kubey & Mihaly Csikszentmihaly, publicado en Scientific American, Febrero 2002)

Psicólogos y psiquiatras definen la “dependencia de substancia” como un desorden caracterizado por criterios que incluyen el gasto de gran cantidad o proporción de tiempo usando la substancia; su uso más a menudo de lo que el sujeto quisiera; pensamientos acerca de disminuir su uso o realizar intentos repetidos e infructuosos de disminuir su uso; dejar de lado actividades importantes de orden familiar, social o laboral para usarla; y manifestar síndrome de abstinencia al dejar de usarla. Todos estos criterios pueden aplicarse a la gente que mira mucha TV.
La cantidad de gente que ve la TV es asombrosa (no hay casi gente que no tenga TV en casa), y la media de visión de TV diaria en el mundo desarrollado es de 3h30′ por persona y día.
(N.del trad: En España en 2003, el 90% de la gente ve 3h diarias como mínimo).
En total, la mitad del tiempo libre medio. Es la tercera actividad en consumo de tiempo de vida, tras trabajar y dormir. Alguien que vive 75 años, a ese ritmo, consume 9 años seguidos de su vida ante el televisor.
Mucha gente reconoce arrepentirse de ver tanta TV. En 1992 y 1999, 2 de cada 5 adultos encuestados (USA) y 7 de cada10 adolescentes dijeron gastar demasiado tiempo viendo TV. Otras encuestas muestran que el 10% de los adultos se consideran a sí mismos adictos a la TV.
La gente se siente relajada y pasiva mientras ve TV. Los EEG (Electro-Encéfalo-Gramas) confirman la menor estimulación mental, (medida en producción cerebral de ondas alfa), durante el visionado de TV que durante la lectura. El sentimiento de relajación desaparece cuando se apaga la TV, pero la sensación de pasividad y de bajada de alerta continúan. Las encuestas muestran que de alguna manera la TV ha absorbido o succionado su energía, dejándolos agotados. Dicen tener mayor dificultad en concentrarse después de ver, que antes de ver TV. En cambio, indican raramente tal dificultad después de leer. Después de practicar deportes o hobbies (aficiones de tiempo libre), la gente declara mejorías de su humor. Tras ver TV, el estado de ánimo del espectador es igual o peor que antes.
Instantes después de sentarse o tumbarse y encender el televisor, los telespectadores manifiestan sentirse más relajados. Dado que la relajación llega deprisa, la gente es condicionada a asociar el ver TV con descanso y descenso de la tensión. La asociación es reforzada positivamente porque los espectadores permanecen relajados a lo largo de la sesión de TV, y es reforzada negativamente a través del estrés y los pensamientos negativos persistentes que aparecen en cuanto la TV es apagada. Las drogas adictivas actúan de un modo similar. Un tranquilizante que abandona el cuerpo rápidamente tiene muchas más probabilidades de causar dependencia que uno que deja el cuerpo despacio, precisamente porque el usuario es más consciente de que los efectos están desapareciendo.
En nuestros estudios, cuanto más tiempo permanecía la gente ante la TV, menos satisfacción decía obtener de ella. Los telespectadores con más de 4 horas habituales de TV al día tendieron a señalar que disfrutaban de la TV menos que los que veían menos de 2 horas.
Las características formales de la TV (cortes, editados=cambio de perspectiva sobre la misma escena, zooms, vistas panorámicas, ruidos repentinos) activan la respuesta de orientación, y de ese modo mantienen la atención sobre la pantalla.
La respuesta de orientación, descrita por Ivan Pavlov en 1927, es un mecanismo cerebral muy poderoso presente en todo ser vivo que tenga un sistema nervioso, incluso primitivo. Lo tiene desde una hormiga hasta la especie humana.
Es nuestra reacción visual o auditiva a cualquier estímulo nuevo o repentino. Es parte de nuestra herencia evolutiva, una sensibilidad al movimiento y a las amenazas depredadoras potenciales. Cuando percibimos un estímulo repentino y nuevo, el cerebro detiene momentáneamente la actividad consciente que esté realizando para centrar su atención, con prioridad absoluta, en el nuevo estímulo perceptivo, para identificar su origen, y evaluar si es o no una amenaza para la supervivencia del individuo, que requiera el estado de emergencia (prepararse para luchar o huir). Es uno de los instintos más primitivos e importantes que pueda tener un ser vivo, y es totalmente esencial para nuestra supervivencia. Si el estímulo no está causado por una amenaza o no requiere atención inmediata, el cerebro puede volver ala actividad anterior a que se disparara la respuesta de orientación.
Las reacciones típicas incluyen dilatación de las arterias cerebrales, reducción del pulso cardíaco, constricción de la red arterial de los principales conjuntos musculares. Las ondas alfa son bloqueadas por varios segundos. El cerebro centra su atención en conseguir más información mientras el resto del cuerpo se relaja.
Estudiando cómo las ondas cerebrales eran afectadas por las características formales, los investigadores concluyeron que estos trucos estilísticos pueden perfectamente desencadenar respuestas involuntarias y extraen su capacidad de activar la atención del significado evolutivo de la detección del movimiento… Es la forma, no el contenido, de la TV lo que es único.” La respuesta de orientación puede explicar en parte algunas observaciones que hacen los telespectadores habituales, tales como: “cuando la tele está puesta, simplemente no puedo apartar la mirada de ella.” “Cuando veo TV, me siento como hipnotizado.” “Quiero ver menos televisión, pero no puedo evitarlo.”
El ritmo cardíaco desciende durante 4 a 6 segundos tras un estímulo de orientación. En los anuncios, las secuencias de acción, y los videos musicales, las características formales a menudo se suceden a razón de 1 por segundo, activando así la respuesta de orientación continuamente. Se ha tratado de utilizar las características formales con fines educativos fijando la atención en la información transmitida por la pantalla, pero si el número de cortes, por ejemplo, excede de 10 en dos minutos, la capacidad de reconocimiento cae drásticamente. Una gran cantidad de cortes puede sobrecargar el cerebro. Los videos musicales y los anuncios que usan un alto ritmo de cortes no están diseñados para transmitir información, sino para mantener la atención. El espectador puede retener el nombre de la marca, pero los detalles y el anuncio en sí entran por un oído y salen por el otro. La respuesta de orientación está sobrecargada. Los espectadores todavía atienden a la pantalla, pero se sienten cansados y consumidos, con poca recompensa psicológica a cambio.
Nos hemos preguntado si los telespectadores asiduos (4 horas y más al día) experimentan la vida de modo distinto de los telespectadores moderados (menos de 2 horas diarias). ¿Les desagrada más estar con otra gente? ¿Están más alienados por el trabajo? Lo que se descubrió fue que los telespectadores asiduos manifestaban sentirse significativamente más ansiosos y menos felices que los moderados en las situaciones desestructuradas, tales como no tener nada que hacer, fantasear despierto, o esperar al teléfono. La diferencia se amplía cuando el espectador está solo.
A raíz de ello, se estudió a aquellas personas que se autocalificaban en la encuesta como teleadictos. Tras estudiarlos, se encontró que éstos se aburrían y sufrían distracciones  más fácilmente, y tenían peor control de la atención que los no adictos. Los adictos dijeron que usaban la TV para distraerse de sus propios pensamientos desagradables y para matar el tiempo. Otros estudios muestran que los telespectadores asiduos participan estadísticamente menos en actividades comunitarias y deportes y tienen más probabilidades de padecer obesidad que los telespectadores moderados o los no-telespectadores.
Varios investigadores sugieren que ver más TV contribuye a reducir el campo de atención, a reducir la autocontención, y a menor paciencia con los tiempos de espera de la vida diaria. Hace más de 25 años, un investigador estudió una comunidad montañesa que no tenía TV, hasta que la TV por cable llegó al fin. Con el tiempo tanto los niños como los adultos se volvieron menos creativos en la resolución de problemas, perdieron perseverancia para las tareas, y perdieron tolerancia hacia el tiempo desestructurado.
Para algunos investigadores, el más convincente paralelismo entre la TV y las drogas adictivas es que la gente experimenta síntomas de síndrome de abstinencia al sufrir recortes de tiempo de TV.
Aunque se ha investigado mucho menos acerca de los videojuegos y el uso del ordenador, pueden aplicarse a menudo los mismos principios. Ambos ofrecen evasión y distracción, los jugadores y usuarios aprenden deprisa que se sienten mejor al jugar, y se desarrolla asimismo una forma de circuito de refuerzo. La diferencia obvia con la TV es la interactividad. Además, la dificultad del juego que ofrecen es progresiva y adaptada al grado de habilidad del jugador. Ofrecen el placer psíquico que llamamos “flujo” o “corriente” (“flow”) que acompaña al dominio creciente de muchas habilidades humanas. Por otra parte, la activación prolongada de la respuesta de orientación puede dejar a los jugadores agotados. Los niños afirman sentirse cansados, con vértigos y con náuseas después de sesiones largas.
Lo mismo que con los videojuegos, la habilidad de las páginas web para mantener la atención del usuario parece depender menos de las características formales que de la interactividad.
Para un número creciente de gente, la vida que llevan “conectados” parece a menudo ser más importante, más inmediata y más intensa que la vida que llevan en “cara a cara”. Cuando el hábito interfiere con la capacidad de crecer, de aprender nuevas cosas, de llevar una vida activa, entonces constituye un tipo de dependencia y debería ser tomada en serio.

Para más Información:
– Television and the Quality of Life: How Viewing Shapes Everyday Experience. Robert Kubey and Mihaly Csikszentmihalyi. Lawrence Erlbaum Associates, 1990.
– Television Dependence, Diagnosis, and Prevention. Robert W. Kubey in Tuning in to Young Viewers: Social Science Perspectives on Television. Edited by Tannis M. MacBeth. Sage, 1995.
– “I’m Addicted to Television”: The Personality, Imagination, and TV Watching Patterns of Self-Identified TV Addicts. Robert D. McIlwraith in Journal of Broadcasting and Electronic Media, Vol. 42, No. 3, pages 371–386; Summer 1998.
– The Limited Capacity Model of Mediated Message Processing. Annie Lang in Journal of Communication, Vol. 50, No. 1, pages 46–70; March 2000.
– Internet Use and Collegiate Academic Performance Decrements: Early Findings. Robert Kubey, Michael J. Lavin and John R. Barrows in Journal of Communication, Vol. 51, No. 2, pages 366–382; June 2001.
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Los autores:
ROBERT KUBEY and MIHALY CSIKSZENTMIHALYI met in the mid-1970s at the University of Chicago, where Kubey began his doctoral studies and where Csikszentmihalyi served on the faculty. Kubey is now a professor at Rutgers University and director of the Center for Media Studies (www.mediastudies.rutgers.edu). His work focuses on the development of media education around the world. He has been known to watch television and even to play video games with his sons, Ben and Daniel. Csikszentmihalyi is the C. S. and D. J. Davidson Professor of Psychology at Claremont Graduate University. He is a fellow of the American Academy of Arts and Sciences. He spends summers writing in the Bitterroot Mountains of Montana, without newspapers or TV, hiking with grandchildren and other occasional visitors.
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La adicción (de cualquier tipo) es una enfermedad mental. El adicto es un enfermo mental. Al ser la adicción a la TV es una de las menos perjudiciales para la salud (física), es muy difícil verla como un problema. Sin embargo la adicción a la TV nos roba… el tiempo de nuestra vida.

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Una respuesta a El mecanismo cerebral de la adicción a la TV

  1. Anónimo dijo:

    Gracias por dar a conocer este artículo, qué interesante

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